Nunca es tarde

Se ha roto mi última relación. Y puede que con "última" no me refiera sólo a la más reciente. 
Ya veremos. 
Se estuvo rompiendo lentamente hasta que, finalmente, voló en partículas subatómicas. 
Aún estoy dando vueltas sobre mí misma sin ganas ni esperanza de buscar la explicación adecuada para calmar mi espíritu. 
La rabia que me acompaña es tan fiel y fuerte que puedo contar con ella para salir de este momento infame. 
 No es el sistema más zen, pero es lo que tengo más a mano para neutralizar esos impulsos de autocastigo; y también funciona para evitar el instinto de escarbar en la herida y salir como loca a gritar culpas. 
Revisar qué pasó es un ejercicio que ahora no me puedo permitir. Además, ya sé qué pasó. Pasó que la profecía se cumplió. 
Y no voy a pagarle a alguien para que me diga que una relación disfuncional requiere de bla, bla, bla. 
A esta edad que tengo yo. Con hijos, divorcios, duelos variados y fracasos aún en digestión, los quiebres se viven con mucha "rotundidad", pero ya no vendo entradas para el show de rasgarse las vestiduras. No hay escenario. 
Menos aún cuando sabía que ignorar las voces era, -por ser amable con el lenguaje- una equivocación de libro fácil. 
Lo que ocurre con eso (con lo de saber desde el principio que no es por ahí) es que te mata la raíz de la ilusión; porque adentrarse en un pantano con el secreto deseo de hallar un bosque en el que descansar es una idea plena de belleza e inocencia y eso anima a creer que aún estás a tiempo de cambiar las leyes de la lógica. 
Y como al final el pantano era justo eso: un montón de charcos y agua estancada; pues te vienes abajo porque se te acabó lo de seguir cometiendo juveniles pecados. 
Y eso jode. 
Algo dentro de mí se ha esfumado: una posibilidad. 
Que si era la posibilidad de ser feliz, de amar y ser amada, de crecer o expandir el universo... no viene a cuento definirla ahora. (Otro día).
Tendemos a creer que siempre estamos a tiempo de... a tiempo de hacer cualquier cosa, pero no es así. Un día las oportunidades se acaban. 
Me refiero a esa oportunidad que era tuya, que estaba ahí contigo, a la que te cogiste con todas tus ganas y plena de entusiasmo. Llena de deseo. 
La posibilidad se ha perdido. 
Y tendrás que desestimar eso que querías, que llegaste a amar pese a todo, que te encendía y te transformaba. 
No podrás evitar el descubrimiento terminante de que, tanto si es amor como si no, no cabe, no respira, no es. 
Vestida y alimentada con sentimientos tristes me fio más de la ira que, aunque pasajera, es sólida y honesta. 
Porque vale, yo no fui muy lista, pero él tampoco fue bueno. 
Y yo perdí una posibilidad y mucha sangre, pero él no se anotó la victoria.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Un ladrillo

La E