Un ladrillo
No sé muy bien qué día es. Voy a mirarlo, espera. Se veía venir. Se dejaba sentir. Se olía como huelen los que se van a morir. Y pasó. Extrañamente, no fue con mucho ruido. Fue rápido, rotundo y doloroso por innegable, no por agónico. Nos quedamos los dos un poco perplejos, creo yo. Aunque, la verdad es que ya no podré decir nunca más que sé lo que está pensando. Parecía una discusión como las otras: previsible, monótona, anodina, basada en hacer la reconstrucción de lo que se ha dicho… así como en espiral… y de repente, como quién no quiere la cosa, le dije: “Avancemos, lo que me acabas de decir es claro y parece muy honesto”. – Dices que tú eres así, y que esto es lo que hay. Que no hay más, ¿Es así? – Sí – me dijo. – Pues no me gusta lo que hay. Nos miramos completamente asombrados de haber dado tan rápido con la respuesta. – Entonces está muy claro, X. Si no puedes dar más y a mí no me gusta lo que das, no tenemos mucho más que decir....